Nacido en
Budapest en 1921, el poeta Janos Pilinszky provenía de una familia acomodada:
su padre era ingeniero y su madre trabajaba en correos. Estudiante de Letras y
Derecho en la Universidad Péter
Pázmány donde se especializó en literatura húngara e italiana e historia del
arte, fue como muchos de sus compatriotas, movilizado forzosamente a fines de
1944 en el inútil esfuerzo de guerra por parte de la dictadura fascista húngara
para detener, en concordancia con una ya derrotada Alemania nazi, el avance del
ejército soviético hacia el corazón de Europa. Así, entre noviembre de 1944 y
marzo de 1945, Pilinszky no sólo participa de los últimos y desesperados
combates en el Frente Oriental contra los rusos, sino que también es testigo
del horror de descubrir los campos de concentración nazis, como a su vez,
multitud de campos de prisioneros de uno y otro bando con toda su secuela de
barbarie, inhumanidad y salvajismo. Esta singular experiencia marcará de por
vida su modo de comprender la poesía y le impulsará hacia una afanosa búsqueda
íntima de carácter existencial bajo el alero del cristianismo católico.
Concluida la guerra, Pilinszky regresa a su natal Budapest –ciudad en ruinas y
con desabastecimiento- en el otoño de 1945 y partir de aquel año es un activo
miembro de la vida cultural y literaria húngara. Si bien es cierto que varios
de sus poemas habían aparecido en diarios y revistas en años anteriores a la Segunda Guerra Mundial entre
1937 y 1939, su primer libro de poemas lo publica en 1946 con el cual obtiene
el Premio Baumgarten. Luego, entre 1947 y 1948, reside en Italia perfeccionando
sus estudios de Historia del Arte. Sin embargo, a partir de 1949, bajo el nuevo
régimen comunista, se le prohíbe publicar y sólo hacia mediados de la década de
los 50 como cuentista para niños, pudo paulatinamente ingresar de nuevo al
circuito literario húngaro. Los acontecimientos que conllevan la revolución de
1956 lo obligan a renunciar a su trabajo en la editorial Magvető Kiadó y para sobrevivir, efectúa trabajos esporádicos en
diversas revistas y diarios húngaros, entre los que sobresale su colaboración
con el semanario católico Új ember
donde publica crítica literaria, crítica de arte y reflexiones filosóficas y religiosas.
A partir de los años 60 y gracias a los procesos de desstalinización llevados a
cabo por Krushev y que afectan a buen parte de Europa del Este, se le permite
viajar al extranjero, visitando Londres, París, Roma, Viena y Bruselas en
varias oportunidades. Su poesía comienza a ser conocida en otras latitudes y es
traducida al inglés por Ted Hughes y al
alemán por Jutta Scherrer. El suicidio de su hermana en 1974 lo sume en una
honda depresión que le hace abandonar la escritura poética. Es reconocido enb
su país en dos oportunidades: en 1971 es distinguido con el
premio Attila József, y
en 1980 con el premio Lajos
Kossuth.
Janos Pilinszky
fallece en Budapest de un ataque cardiaco en 1981 a los sesenta años.
La poesía de Pilinszky es muy poco conocida en nuestro idioma. Sólo he
podido hallar referencias en la revista digital Enfocarte nº 13 www.enfocarte.com y en la breve e
interesante antología El reverso de la
luz: cuatro poetas húngaros de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács,
editada en 1999 por la Universidad Nacional
de Colombia. De ambas fuentes he extraído los poemas de Pilinszky que incluyo
más abajo.
Subir algunos de estos poemas al blog, más que nada tiene el propósito de
difusión, de ampliar nuestras lecturas, de ampliar nuestra percepción de otras
latitudes y descubrir autores y poemas que pueden, a la larga volverse
significativos para algún lector
Introito
¿Quién abrirá el libro sellado?
¿Quién quebrará el tiempo
intacto?
¿Quién indagará del alba al alba,
alzando y abatiendo, sus páginas?
A las llamas de lo ignoto, ¿quién de nosotros
osará allegarse? ¿Y quién, quién
osará escrutar
las compactas hojas del libro
cerrado?
¿Quién osará hacerlo con la mano
desnuda?
¿Y quién de nosotros no temerá? ¿Quién no temerá,
cuando incluso Dios cierra los
ojos,
y se postran todos los ángeles,
y se entenebran todas las
criaturas?
El cordero es quien de nosotros no temerá,
sólo él, el cordero, que fue
inmolado.
Atraviesa el mar de vidrio
y sube al trono. Y abre el libro.
Salmo
Quien después de días de hambre
piensa en el pan,
está pensando en el pan de
verdad.
Quien al fondo de un cuarto de
tormentos
echa de menos la ternura,
desea la ternura de verdad.
Quien, reclinado en una almohada,
no siente que está solo,
en verdad no está solo.
La plegaria de Van Gogh
Una batalla perdida en los trigales
y en el cielo una victoria.
Pájaros, el sol, y de nuevo
pájaros.
De noche, ¿qué quedará de mí?
De noche, sólo una hilera de farolas,
un muro de arcilla pálida que brilla,
y al fondo del jardín, entre los
árboles,
como velas puestas en fila, las
ventanas;
Allí habité una vez y ya no habito;
no puedo vivir donde una vez
viví, aunque
el techo allí solía cubrirme.
Señor, tú me cubrías hace tiempo.
Impromptu
Estoy vagando sin rumbo
desde meses sin parar,
un sol asesino y dulce
me ciega y duele noche y día.
¿Desde dónde tantas visiones?
Ella surge al lado del agua,
en juventud esplendorosa,
flotando en lo súbito oscuro,
su sonrisa rompe en la costa.
Lejos se encienden los veleros.
Calor a plomo a mediodía
en cabina dispersas llueve.
¡Y los detalles, las minucias!
Sólo una flor al viento blando,
como si en manos asombradas
la girara en silencio un crío.
¡Las melodías! ¡Por filas de
cuartos
la misma melodía resonante,
como si el mar descalzo
paseara en sus paredes!
Pero son los amantes los más
bellos,
sus crines, tolda última y
hermosa
del pudor, iluminan la penumbra.
Amantes, y el ocaso,
filas de casas apagándose,
y entre las casas, en la arena,
la mole inmensa de una torre.
¿Quién puede imaginarse algo más
triste?
Basta
Así sea muy ancho lo creado,
es más estrecho que un establo.
De aquí hasta allá. Piedra,
árbol, casa.
Actuando estoy. Llego temprano,
me retraso.
Pero alguien entra a veces
y lo que existe se abre de repente.
Basta ver una faz, una presencia,
y ya sangra el papel de las
paredes.
Sí, sí, basta una mano, como
cuando
revuelven el café o hacen el
gesto
de abandonar la escena,
para olvidar entonces dónde
estamos,
la hilera de ventanas sin aire, y
luego
regresar en la noche a nuestro
cuarto
para aceptar lo inaceptable.
Espacios
El infierno es sentir un espacio.
Lo es el cielo.
Diferentes espacios. El paraíso
es libre;
vemos al otro bajo nuestros ojos,
como un cuarto de sótano;
desde lo alto, bajo nuestros ojos,
como atisbando por una escalera,
por una puerta de un cuarto de
sótano dejada
a propósito abierta (¿o por
olvido?).
Pasa allí lo que yo, precisamente,
no puedo soportar. Tal vez apenas
abran
un cajón lleno de guiñapos,
midan un cisne, cuántos kilos
pesa,
o hablen de aquello, una y mil
veces,
con ese único ser a quien yo amo,
de lo que no se puede ni se debe
ni hablar, ni escribir.
Alguien
Por un perfecto círculo, o mejor,
por un óvalo imperfecto
está mirando Dios al monstruo. Un
millón
de caras, manos y uñas en
conjunto.
En el fondo una cama larga y
muda;
una vulgar cobija y una almohada.
La pezuña del monstruo perfora el
pavimento,
y alguien rompe a llorar.
Una vieja fotografía
En la fotografía, yo con tres años.
En el reverso, una anotación que
hice
con ocho. Y ahora yo
que, con veintiuno, miro la
fotografía.
Los tres nos saludamos
y nos damos la mano, distantes.
Querido Ismael: no te lo había dicho antes, pero Introito es un gran, pero un gran poema. Qué potente. Lo sumo a mi entrñable e inamovible Attila Joszef, uno de esos a los que simepre se regresa. Gran abrazo, C
ResponderEliminarOjo: y no sólo Introito, no sólo el primero.
ResponderEliminarAgradecido,
Xtián
Cristian:
EliminarGracias por la visita y que bueno que los poemas de Pilinszky te hayan gustado. Para mí fue un descubrimiento feliz: estaba recopilando una serie de poemas de autores del siglo XX para una antología que pretendía usar para un cursillo este 2º semestre y me topé con él de formas inesperada. Los poemas los rastree de distintas fuentes en internet. No hay mucho de él en nuestro idioma y me parece curioso que la industria Hiperion-Visor no lo haya publicado, siendo que es muy "generosa" con cuanto poeta de idioma no español pilla. En fin...
Un abrazo
Ismael
No te preocupes, no faltará el "emprendedor" que se haga cargo. Por lo pronto, ya lo estoy rastreando en inglés y en francés. Abrazos,
ResponderEliminarC