jueves, 22 de marzo de 2018

La sonrisa del hombre invisible: Rubén Jacob y su Poesía Completa


Nunca pensé que en noviembre de 2009, invitado a dar una lectura en la Universidad Viña del Mar, sería la última vez que vería y hablaría con Rubén Jacob. En Youtube hay un registro de parte de aquella lectura de Rubén, tal vez con un audio poco feliz, pero donde se puede distinguir su voz, algo apurada, leyendo poemas de The Boston Evening Trancript y de Granjerías infames. Tal vez por el calor de fin de año, quizás por lo inhóspito de la sala, tal vez por un atraso excesivamente largo que hizo que esa lectura comenzara muy a destiempo, el asunto es que Rubén después de leer, andaba de no muy buen humor. Su ironía lo demostraba a quien se le acercase, pero de todas formas, nunca manifestó su incomodidad de modo explícito. Lo importante era estar con los amigos. Después de todo, con un gesto muy de él, esa ironía se desplazó hacia sí mismo y tuvo como objeto sus propios poemas: ante el desfase de la edición de Granjerías infames que estaba bajo el cuidado del editor Patricio González de Altazor, Rubén de un modo muy característico, empezó una curiosa perorata, un monólogo más bien, donde se preguntaba cuán problemático sería editar sus poemas completos, quién tendría el valor de llevar a cabo semejante tarea y qué dificultades esperaban a tan avezado como improbable filólogo. Meses después de aquella conversación -que jamás sospechamos sería la última- Rubén Jacob fallecía en el invierno de 2010.
Con el correr de los meses y de los años, quienes de una u otra manera rodeamos amicalmente al poeta de Llave de sol, sabíamos que su obra, tarde o temprano, ampliaría el conocimiento de los iniciados o de los curiosos atraídos por excentricidades. Por lo demás, dar cuenta de los implicados en la difusión, comentario y valoración de la poesía de Jacob, sería dar cuenta de varias generaciones de lectores cuya principal característica sería la fidelidad y el asombro. Hay un primer círculo de lectores de Jacob, aquellos que desde el principio supieron de sus afanes con la escritura y que contribuyeron con su palabra, consejo, opinión y sugerencias a validar lo que se podría haber creído un capricho de abogado semi-retirado. Entre ellos y de los primeros, Juan Luis Martínez. Pero también, algunos menos conocidos como Luis Bork, Luis Mardones, Carlos León, Jorge González Mancilla, Antonio Pedrals. Luego vendrían algunos poetas y editores “jóvenes” que a fines de los años 80 y principios de los 90 contribuyeron a que esta poesía ampliara su ámbito de circulación: Marcelo Novoa, Luis Andrés Figueroa, Sergio Madrid. Fue precisamente el poeta y editor Marcelo Novoa quien gestionó la primera edición de The Boston Evening Transcript en 1993 cuya publicación catapultó a la poesía de Jacob a ese indefinido, pero atractivo reino del así llamado “secreto a voces”: sus lectores se acrecentaron en espacio y geografía. Desde EEUU, Pedro Lastra y Miguel Gomes acusaron recibo de tan peculiar libro. A su vez, el Boston -como era llamado coloquialmente entre los amigos el libro de Rubén- ganó entre nosotros, lectores diversos y expectantes: Marcelo Pellegrini, Cristian Gómez Olivares, Cristian Cruz, Eduardo Jeria, Carlos Henrickson, Jorge Polanco, Alejandro Cerda, Luis Riffo, Sergio Muñoz Arriagada.
Si la publicación en 1993 de The Boston Evening Transcript fue un descubrimiento, la posterior publicación de Llave de sol en 1996 y de Granjerías infames en 2009 fueron la confirmación de un poeta que pasaba de ser secreto para un puñado de amigos a convertirse en una especie de patrimonio intangible de nuestra imaginación porteña y en una referencia ética acerca de cómo asumir la escritura respecto al poder, respecto de la insidiosa farándula del siempre tentador posicionamiento y las implicancias de la memoria en nuestro devenir como seres humanos. Así, a fines de los 90 y durante la primera década de 2000, lo asombroso -para mí al menos- no era tanto la eventual recepción -o más bien el pertinaz mutismo- acerca de la poesía de Jacob por parte del establishment académico/literario, cosa que a Rubén le tenía muy sin cuidado y para lo cual no se guardaba ironías, sino la curiosidad, entusiasmo y posterior fervor -en ese orden- que iba provocando en varios jóvenes como Gonzalo Gálvez, Diego Alfaro, Rodrigo Arroyo, Francisco Vergara, Antonio Rioseco, Mariela Trujillo o Enrique Winter, por ejemplo y que desde siempre ha constituido la mejor toma de pulso y prueba de fuego respecto de cualquier obra literaria: su lectura inteligente por parte de los creadores jóvenes. Creo que en ese gesto, entre otros, anida la eventual perdurabilidad de una obra.
Perdonará el lector estas rememorizaciones traídas a colación en estos párrafos. Pero creo imprescindible dar cuenta de estos nombres -y de varios otros que omito por fallas en mi memoria y conocimiento- y de esas anécdotas como un marco dentro del cual es posible entender la aparición de la Poesía completa de Rubén Jacob bajo el sello editorial de la Universidad de Valparaíso. Con un esclarecedor prólogo de Marcelo Pellegrini y un pertinente epílogo de Jorge Polanco, esta publicación ha sido, probablemente, uno de los principales hitos editoriales, en lo que refiere a poesía, acontecidos el año recién pasado. Con esta publicación, lo que era un secreto a voces ha explotado en una edición cuidada y de distribución nacional: ya nadie podría decir desconocer esta poesía o negar su existencia como mero mito. Los poemas de Jacob están ahí, circulando entre lectores que tal vez él jamás imaginó y donde la aventura de ese “orden sigiloso” que rememora cada una de sus palabras ya no es un laberinto inaccesible, sino un camino por recorrer.
¿Qué hay en esta poesía que la vuelve cercana y entrañable para quien accede a sus palabras?, ¿cuál es su poder de seducción para quien desee ser seducido? Más allá de la calidad humana de Rubén Jacob que se nos presentó a varios como una presencia cálida y cercana en su humanidad reservada, irónica, de un temperamental y sugestivo humor, a veces negro y pesimista y otras cargado de un infantil requiebre de risueñas alusiones escatológicas, se advierte para cualquier lector atento que sus poemas no reflejan ni se definen por su biografía -algo oscura, provinciana y sin ningún pathos o glamour relevante- cosa que puede tal vez dejar a alguien entre perplejo y callado. Pero eso no ayuda mucho a esclarecer estas preguntas. Partiendo por lo más obvio -que no es necesariamente algo que sea prioritario para un lector- sin duda que el lenguaje de la poesía de Jacob es un lenguaje culto, adiestrado en un humanismo de estirpe clásica -la literatura, la historia, el derecho-, pero sin caer en afectaciones estilísticas de manierismos superficiales o efectistas. Tampoco es un lenguaje que se preste para experimentos o transgresiones formales. A lo sumo es posible apreciar un pertinaz equilibrio entre ciertos hábitos lingüísticos traídos a colación desde la oralidad cotidiana, peros sin el afán de desfondar al poema como una red zurcida a la fuerza. Se hace inevitable apreciar que en esta poesía existen algunos giros heredados del habla -gerundios, frase hechas, cierta retórica conversacional que vuelve al poema una especie de registro narrativo de experiencias-, pero todo ello no llega, ni menos se aproxima, a los extremos de una poesía que haga del coloquialismo o de la articulación de un repertorio naturalista del habla, su fuerza principal. Por lo demás, ese lenguaje culto, se resguarda y distancia de sí mismo cuando se autoironiza, es decir, en tanto incluye no solo un descomunal imaginario de “alta cultura” respecto a alusiones filosóficas, literarias y musicales, sino también en lo referido a incluir una serie de imágenes, efectos, personajes y situaciones que podríamos llamar de la “cultura pop”: esas instancias donde Borges y Obdulio Varela se dan la mano al interior del poema, donde el ajedrez y el fútbol, por ejemplo, no van a la zaga de las más sofisticadas alusiones a Alban Berg o a Walter Benjamin. Pero mas allá de constatar estas “condiciones materiales” de la poesía de Jacob, es pertinente, a partir de esto mismo, dar cuenta de otras cosas, quizás más sutiles, pero no menos significativas y que, me parece, son necesarias para poder entender el por qué de esta entrañable cercanía con la que esta poesía nos invita y seduce. Es así que, en otro sentido, el lenguaje de la poesía de Jacob se traduce en un peculiar modo de asumir el ritmo. Bajo esta idea en los poemas de Jacob tampoco se nos seduce por la musicalidad, eufonía o llaneza rítmica proveniente de la ondulación sensual de la sinestesia o por la gimnasia verbal de la estructuración sintáctica de los versos. En esto, Jacob está a las antípodas de un poeta como Gonzalo Rojas, por ejemplo. Su “respiración verbal”, por decirlo así, no es la de un cantor o de un asmático que lucha para encontrar la expresión: es más bien un fluir prosaico que ve en ese mismo fluir su “expresión”. Por eso, nada más alejado en esta poesía que la necesidad de incitar por los sentidos. Al contrario: el ritmo de estos poemas es un requiebre adusto de toda musicalidad, es un ritmo que alude más a la prosa que a la música, no sólo por el efecto otorgado por el uso tan peculiar en Jacob de la “música de la conversación” en referencia a Eliot o a Parra, sino por lo tajante, imprecatorio y disgregador de su discurso. Esta es una poesía que se pone frente tuyo y te dice: “conversemos”. Y en aquel gesto hay una intencionalidad de hacernos reflexionar por el cauce material de las palabras que se van dando en una secuencia que no tiene la pretensión de hacernos sentir fuera del mundo. Para nada: como pocas, la poesía de Jacob nos adentra en el mundo. Un mundo en falta, lacerante y lacerado, herido, un mundo dolido por la violencia y el sin sentido, por el olvido y la desmemoria. De eso no cabe duda e iluso sería pensar lo contrario. Pero lo curioso de todo esto, es que esta poesía lo hace como solo la buena poesía es capaz de hacerlo: sugiriendo, matizando, poniéndonos contra la pared del sentido, pero sin el gesto estrafalario de la metaforizacion excesiva, ni tampoco utilizando un lenguaje destruido en sus desgarros incomunicativos, ni menos exigiéndonos algo con ese tono perentorio que es tan característico de nuestra época. No, esta poesía invita a conversar y a través de eso, a reconocernos. Por eso, tal vez, su atractivo radica en el gesto entrañable de establecer una comunicación que se aleja del mundanal ruido, pero que no nos hace abandonar la mirada de reojo tras la puerta del bar en donde, por la calle, pasa la violencia desquiciada que nos hace palidecer. Esta poesía invita a conversar. Primero y ante todo, con nosotros mismos. Quizás por ello, en cierto sentido, buena parte de los poemas de Jacob puede ser vistos como una especie de monólogos que nos incitan a adentrarnos en los laberintos de nuestra conciencia y en las fantasmagorías de nuestra memoria. Si fuera así, estos poemas esperan el click mágico de la lectura para que se pongan ante nosotros para apurarnos no tanto a que los escuchemos en su adusta soledad, sino para que respondamos a sus requerimientos, alusiones e incitaciones, quizás con una sonrisa, quizás con una mirada pensativa. Pero donde siempre sabremos que desde el otro lado, Jacob nos estará mirando con su sonrisa invisible.

Quilpué, verano de 2018.


Este texto se publicó en:  https://www.lacallepassy061.cl/2018/03/la-sonrisa-del-hombre-invisible-ruben.html

domingo, 18 de marzo de 2018

Dos elegías


 



 
Elegía para Eduardo Anguita

En este esfuerzo de nada para nada,
tu nombre recorre mi voz como fuego a la ceniza.
Palabras que van a dar a otras palabras
y cuyo tintineo espectral es una galería destruída,
el chasquido de un espejo roto,
una siniestra mañana de agosto.

Tu nombre recorre mi voz como fuego a la ceniza
y el cumplimiento de su vieja promesa
vuelve taciturno todo deseo de espera o anhelo de retribución:
palabras arrancadas de cuajo en medio del aire nocturno
como si un mago hubiese fracasado en su triste sortilegio
como si la escritura celeste que formaba parte de ti mismo
hubiese sido transcrita en el pedernal gastado de un silencio indecible.

Pero ya no está dentro de nosotros reconocer ese lugar,
ni ningún otro, apenas el mapa de un gesto insulso
que sueña con la escritura de lo efímero
o del polvo restregando esquirlas de la historia
en la sacudida que implica vivir en el olvido
tras el olvido de toda nuestra memoria.

Sí, hay muchas esperanzas,
pero ninguna es para nosotros:
¿acaso el trazo de lo impredecible
cuando renunciamos a la exigencia de lo bello?
¿acaso recortes de periódico, anunciando
una nueva guerra, una revolución más,
el recuerdo de un pasado, ahora imposible?
Ninguna esperanza es para nosotros
donde el silencio es fugacidad de un cuerpo que ignoramos.

Cuerpo atravesado por tu extraña misericordia:
¿no era hambre de infinito tu deseo?
¿sed de eternidad el regocijo estival de pechos y muslos?
Placer donde no existe la búsqueda del placer
sino el afán del conocimiento: maldición de los poetas
que confunden pureza con sabiduría,
la forma con la vida, su deseo con los misterios del lenguaje.

Ninguna esperanza es para nosotros,
ninguna promesa válida, consuelo a nuestra indolencia.

En este esfuerzo de nada para nada,
tal vez ser redimidos del fuego por el fuego
es la palabra que Orfeo no pudo oír y que trajo su catástrofe.
Para nosotros, quizás, es la certidumbre de saber callarnos
en medio del bosque inútil del lenguaje
cuando la claridad de los ojos de la muerte
nos hace creer esa bella ficción que es el beso de Eurídice.









Elegía para Ennio Moltedo

En este alicaído cielo de agosto,
cuando la noche viene a interrumpir al tiempo
que se halla fuera de sí mismo como furtivo cazador de madrugada
y con esa llovizna que vuelve legible la palidez de otras tumbas,
cuando en el horizonte el mar intenciona la desolación
de nuestra frágil conciencia y se hace creíble
aquel temblor que decía bien, mis ojos ahora descansan
y la incertidumbre sólo era la humedad de la brisa
y no una palabra que hubiese significado en algún poema tuyo
una interrogante frente al misterio,
es entonces cuando las comparaciones se vuelven odiosas
y el eco de cualquier lamento llena el espacio como la caída del agua
que se inclina ensimismada desde la distancia de un mar abolido.

Pero tú sabías más que todos nosotros que ese mar es la pregunta
que enrostra la insuficiencia de los días,
que es el enigma que aguarda entrar en el círculo de las significaciones
como ese alcatraz que dibujaste a mano alzada
en los pliegues de tu escritura o como esas evocaciones infantiles
donde, más que inocencia, había asombro, una sensación pasmada
por aquel presente eterno en que el sabor de unas frutillas
o la sombra dulce de un aromo, eran tregua para un verano
que se prolongaba más allá del hundimiento de nuestras imágenes.
Como en una vieja fotografía
el vaso de leche, el juego con hermanos y primos, las golosinas
otorgadas como promesa para después del Angelus
y todos esos elementos que ahora se nos han hecho imposibles,
habitan entre tus palabras, queriendo ser más que palabras:
quizás la certeza de los años que nos inquieta por su transparencia
y que en su origen era algo palpable como experiencias del mundo
que no requerían ninguna explicación; cosas donde la nostalgia
no tenía cabida y el lenguaje tenía pretensiones más modestas,
más sencillas, pero tan verdaderas como un apretón de manos
o la delicia de un dulce de mazapán
o las aventuras que narraba un cuento de Jack London.

Ahora, en extraña simetría
entre aquel instante y la consagración presente
este derrumbado cielo de agosto atestigua a esas nubes
como la tibieza aclaratoria de un vendaval inminente,
atestigua nuestro silencio más por impotencia que por hastío,
como si la evasión a que obliga la angustia
fuera un requisito para vivir la necesidad
de un idioma que no despertara mutilado por sí mismo.

Con esta llovizna que vuelve legible la palidez de otras tumbas
toda interrogante evidencia la insuficiencia de los días
haciendo cumplir la ley inexorable que nadie sabe comprender.
Así, mientras quienes te debemos alguna palabra,
balbuceamos inquietos la posibilidad del error
o nos encerramos en el mutismo de una realidad desquiciada,
un niño en la arena de una playa dibuja un muelle, una manzana o una gaviota,
sabiendo que este melancólico mediodía sólo será la ceniza del invierno.

jueves, 1 de marzo de 2018

Dos poemas








*
Todo vuelve en estos días,
la desnudez de la que soy parte,
el abandono de Dios,
el olvido que origina lo invisible,
el animal de fondo
con sus pétalos de noche,
la claridad vacía
del fuego entre mis manos.

Todo vuelve
de sombra a piel
de voz a sangre
de humedad a derrota
de precariedad a respiración entrecortada.

Todo retorna en el desvanecimiento,
en la nostalgia de la fruta veraniega
como sonrisa núbil del agua insumisa,
en la fragilidad del tacto
que nos repuso de un tiempo sin tiempo.

Todo inicia en estos días;
el beso que nos fue concedido
aquella noche tan culpable
cuando dijeron nuestros nombres,
cuando nos expulsaron del viejo paraíso.



 
*
Un lenguaje
que tome piedra por piedra,
inocencia por relámpago,
padre por hijo,
tristeza por desierto.

Un lenguaje
que no diga lo ya dicho
esperando que signifique lo ilusorio,
que adivine el orden
del pulso y de la sed,
que camine sin hablar
hacia la soledad de su mirada
como despedida fugaz del llanto.

Un lenguaje
sin palabras que entregue su piedad
con la cosecha del cielo
para hacer visible
lo que dice lo invisible
pronunciando lo ajeno de todas sus vocales.

Un lenguaje
como la mujer de Lot,
sereno ante el horror de su blasfemia
y que al caer la noche
sepa que enmudecer
no es el dolor de saberse sal.

lunes, 12 de febrero de 2018

Repetir las palabras


*

Repetir las palabras
las mismas palabras
la humedad continua de la respiración.

Repetir la llovizna
sobre el cristal,
la danza de los días
bajo el mismo insomnio.

Repetir desolación y presencia,
el secreto uniforme del silencio
la efusión limitada de la intensidad,
el mismo juego del viento
y la esquirla del amor.

Las mismas palabras,
la espiral que no sacude
su propio cansancio,
la claridad que comienza de nuevo
su enigma permanente.

Repetir las mismas palabras
por estas largas vías despobladas.

Y respirar bajo el cielo
como una vieja piedra muda.

lunes, 29 de enero de 2018

Vendramin


  


A esta hora en que el silencio de las aguas
refleja su luz ene000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000 piedras transparentes,
el esplendor de cuerpos antiguos
se convierte en fugacidad del movimiento
llevando la floración de una lejana belleza.

Floración que no es imaginada en las alacenas del sueño,
sino que es palpable como la tibieza del sol,
figura perfecta que encierra signos reconocibles
que no son intercambiables por nostalgia alguna:
el pabellón embanderado,
el sortilegio de las máscaras,
la porcelana azul que destella en mimbres destejidos,
el oro desgastado que corona los capiteles de las loggias.

La tarde asalta el aire
y en ella se materializa este noble repertorio:
dibujos, ficciones, palabras; gestos
que llamean en todo ventanal y que atraen a la brisa
para unirse al interior de su propio círculo dorado:
observaciones de un lenguaje ideal
donde la marea ascendente cristaliza en nombres ilustres,
en sombras entretejidas por viejas dinastías
que hacen de todos los salones, el recuerdo del brillo intenso
que marca éste y otros espacios que desafían el derrumbe.

La fragilidad de los sentidos
es la frontera indistinta de este reconocimiento
que se vuelve un recordatorio del atardecer
en la vieja pinacoteca: lebreles, ecos, cabellos ensortijados,
madonas pensativas, miniaturas verde mate,
símbolos de una escritura singular
por la que la vida se transforma en piedad de sí misma
y en inutilidad de su propio estertor calcáreo.

¿Estuve aquí
o habré de creer que éste ha sido y éste fue el sufrimiento
punzando mi piel? La fragilidad de los sentidos
sólo evidencia la distancia entre vida y sueños,
entre el cuerpo adolescente y el negro escudo de los ciclos oficiantes,
la pérdida de toda clemencia necesaria.
Distancia que los rastrojos de lo real pueden clausurar
pero nunca abolir: la experiencia de la hora sagrada
en que Richard Wagner entró en el laberinto de su propia claridad
como encrucijada de enigmática belleza que termina enmudecida.


La tarde asalta el aire
y todo parece ocurrir en un pasado lejano
donde el hombre desciende hacia vertientes de fuego
y la memoria es el beso del sol sobre las aguas.
Así, en el esfuerzo de atribuir un sentido a todo esto
las heridas de la luz se hacen notar, destrozadas.

¿Es entonces este puñado de palabras una interpretación
que proponemos de estas imágenes?
¿o es el poema sólo un desesperado esfuerzo de coherencia
para aplacar el vacío de un cortinaje de máscaras?



viernes, 29 de diciembre de 2017

Fragmentos


 

* Lo difícil de la felicidad no radica en su gratuidad, sino en el desquicio de querer transformarla en algo objetivo, es decir, definirla como proyecto político.

* A quienes gobernarán Chile y a quienes se les opondrán con pasión les vale recordar la idea de democracia de Tocqueville: un delicado equilibrio entre igualdad y libertad que si se rompe a favor del segundo hay riesgo de caer en la anarquía y si se inclina a favor del primero en el totalitarismo.

* A propósito de tuits de políticos "iluminados" como Hugo Gutiérrez: "El pueblo, admirable como clase, se convierte en detestable en cuanto aparece como nación. Pero el rechazo no traduce sino un desprecio de clase contra quienes están expuestos a la violencia de todos los flujos." A. Finkielkraut

* Lo atractivo del ensayista Philippe Muray es que sus reflexiones y ácidas críticas no aspiran emprender un diálogo, intercambiar ideas o debatir. Menos convencer. Para él lo literario es sólo un medio de restaurar su distancia frente al mundo moderno. Porque la catástrofe no tiene remedio.

* Para ser ingenioso y provocador, sin duda hay que ser inteligente. Pero no es el tipo de inteligencia que me seduzca o encuentre relevante.

* Los caminos y designios de Dios son misteriosos, contradictorios incluso a nuestra razón. Pienso en Job, por ejemplo.

* El tiempo de una fe sin costo ha acabado.

* Sólo me interesan aquellos liberales que, a pesar de su optimismo, sienten curiosidad y comprensión por las cosas abismales. Por ejemplo, Isaiah Berlin

* Frente a la conversión del mundo en un gigantesco jardín de corrección política, reír(se) y pensar se han convertido en términos sinónimos.

* Creo ser alguien dubitativo que siente rechazo moral por esas caras largas que hay a derecha como por la histeria ciega que hay a izquierda.

* Hace tiempo pensé un librillo que juntara mis impresiones sobre algo tan jabonoso como la decoración, el adorno y la moda. Se titulaba algo así como "Variaciones sobre un tema de Leopardi: moda y presente en Baudelaire, Simmel, Benjamin y Barthes" No hay límite para la pretensión y la vanidad.

* Sólo soy un aspirante a escritor que opina de política desde una perspectiva siempre subjetiva, literaria, dominada por divagaciones metafísicas y aún filosófico-religiosas como por reflexiones psicológicas. Bajo ese embrujo en que se constituyen mis obsesiones.

* Como una ola de accidentes de tráfico o reiteradas notas del cambio climático, la subida del precio del pan o el vaivén inmobiliario en Valparaíso, el surgimiento de tendencias "innovadoras" o "correctas" en nuestra literatura actual es como un resfriado infantil: pura ansiedad.

* En medio del aire enrarecido, me es tan oxigenante volver a leer ensayos maestros de antaño: Sanín Cano, Montalvo, Uslar Pietri, Martinez Estrada, Blanco Fombona, Alfonso Reyes, Fndo Ortiz, Picón Salas...y no sé cómo llegué hasta acá.

* Me cuesta entender a poetas que publican tres o cuatro libros en menos de un año: ¿quién leerá todo eso? Me parece más que nada un acto compulsivo.

* Llamo insinceras a las cosas hechas para asombrar y a las cosas que no contienen una fundamental idea metafísica.

* Combinar la doctrina de la inevitabilidad histórica con el Mito de la Revolución es una receta que puede llevar a cualquier tiranía.

* En una librería cualquiera, tomé al azar una "novela" de una ínclita autora actual. Leí 3/4 en 25 minutos. Eso sí que es literatura portátil.

* ¿A quien le puede preocupar la poesía chilena actual, si puede tener acceso a ese maravilloso libro que es "Mecenas" de Antonio Cussen?

* Conversaba con un amigo: la Revolución Rusa es tal vez un gigantesco comentario, cruel y sangriento a Los Hermanos Karamazov de Dostoievski.

* Es tan cierto que la vida no es como la vivimos sino como la recordamos.

* En la época de la sinrazón, el que va en dirección contraria a la masa, parece que huye.

* Tal vez, en la narrativa chilena actual, los árboles no dejan ver el bosque.

* Si no hay palabras para nombrar una cosa ésta deja de existir. La corrección política es la depuración del lenguaje respecto al dogma del día.

* Un mundo sin misterio, sin enigmas, donde sólo reine lo indiferenciado y donde todos sean iguales, sería lo más parecido al infierno.

* No renegaré haber estudiado en un colegio marista: un jardín en otoño, el olor a tierra mojada, fragmentos ideales de algo que no volverá.

* La novela nos somete al dictado de la ficción; el ensayo actúa sobre nuestras opiniones y sensaciones habituales.

* El artículo es al ensayo una imitación consumada destinada a envejecer pronto. Un artículo es chisme. Un ensayo es reflexión y visión interior.

* Un ensayo genuino no tiene aplicación educativa, polémica, ni sociopolítica; es el movimiento de una mente libre que juega.

* La vida interior existente en la mente del escritor es enemiga de la muchedumbre pues la muchedumbre apaga las murmuraciones de la mente.

* En una sociedad que niega el pecado, eufemiza el dolor y aborrece la oscuridad, el mal es la única solución fiable para la enfermedad del bien.

* La consecuencia nefasta de la ideología de la “evaluación total” es la imposición de la desconfianza como modo de relacionarnos.

* Pasan los años y sigo creyendo que la palabra "sincero" para referirse críticamente a un poema no sólo es inadecuada, sino también absurda.

* Creo que mi hijo de 9 años acaba de abandonar su primera infancia: me dijo que tenía recuerdos de cuando era chico. Estoy muy apesadumbrado.

* Después de leer, oír y ver me declaro ignorante. La "docta ignorantia" no es consuelo ni certeza, pero ayuda a tomar distancia.

* En el mundo académico, hay veces que me siento como un escritor de cartas dentro de un club de filatelistas.

* Chillán, ciudad culta y sensible, nada de provincianismos: ahí están los restos de Marta Colvin, Ramón Vinay, Claudio Arrau, Lalo Parra y Gonzalo Rojas.

* Always alone, always summer, the fruit always ripe, and Aloysius always in a good temper.

* Almorcé en un horrendo sucucho en Quilpué con un vinillo intomable. Pero me alegré al ver en la pared raída fotos de Jorge Teillier y Teófilo Cid.

* Lo irónico es que las normativas para la sensibilidad de izquierda ya no llegan de Europa del este, sino del mundo académico norteamericano.

* Mientras la estridente jauría de lo contingente sigue marcando "lo que debe ser", la lenta y larga caravana de la literatura sigue su camino.

* La literatura, como cualquier forma de arte, es la confesión de que la vida no basta.

* Lo que me seduce de Martín Cerda es un estilo que es desasosiego, pasión y lucidez: una profunda inquietud casi trágica de la escritura.

* Inmanencia y trascendencia siguen su lucha soterrada cuando discutimos si algo que nos acosa o asalta es de raigambre ontológica o cultural.

* Teófilo Cid: "la primera responsabilidad de un escritor, la más elemental y primaria, es la de no publicar libros superfluos".

* Somos mucho más dignos y libres de aquello que solo nos apetece…

* Tengo que alimentar a mi enemigo íntimo para cuando en la mañana me veo al espejo, ser feliz.

* Imagino un propedéutico después de la licenciatura y antes del postgrado donde sea obligatorio leer a León Bloy, Julien Benda y Raymond Aron.

* Acá vamos otra vez: ortopedia, rizoma, capitalismo o cómo circunnavegar un poema sin querer leerlo.

* Advertir que lo que nos causa pavor y nos violenta, también nos otorga placer. Esa ecuación es la que indigna a cualquier moralista. Pienso en Dante, en Wagner.

* "La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada". Soren Kierkegaard.

* Si la realidad se fundamenta en el lenguaje, el mal ¿podría enmendarse con una alteración gramatical tal como lo desea el progresismo contemporáneo? La respuesta es apreciar que las preguntas de Dostoievski son aún válidas.

* Totalmente efímeros: sólo por esfuerzo de mi papá recuerdo a mi bisabuelo. Mi hijo no sabe nada de él. Más allá de dos generaciones somos olvido.

* Tal vez la poesía tenga que ver más con la soledad que con el espíritu gregario, con la meditación ensimismada que con gestos estentóreos.

* Es entre patético y triste leer a un poeta que critica a sus congéneres por la vida que según él no vivieron, pero que él y sus amigos sí.

* Fragmentos, notas, apuntes, aforismos: nada de la "gran obra". Poder escribir así, a lo Lichtenberg, a lo Canetti y no temer la muerte.

* Me gustaría ser un lector cuyo oído no fuera estafado por cuestiones de principio.

* No son los proyectos políticos los que reescriben la historia de la poesía, sino los linajes literarios de los escasos poetas de valor.

* Estoy en una sintonía muy cercana a Shostakovich: qué música tan desesperada, neurótica, lírica, burlesca y siniestra a la vez: una verdadera síntesis del siglo XX, mi siglo.

* En un ambiente de desilusión y disolución, no puedo dejar de pensar en Beethoven como referencia de algo siempre mejor, noble y cercano. Tal vez equiparable a los ensayos de Schopenhauer o a esa prosa paradojal y fascinante de Cioran o a ciertas imágenes de Tarkovsky.

* La ilusión humana de querer cambiar la realidad y los hábitos con sólo la modificación del lenguaje. Una peligrosa ingenuidad.

* Un libro de más de 400 páginas de un autor vivo no debería publicarse por delicadeza, buen gusto y compasión.

* Vivir contra la evidencia, siempre.

* En una época que exige claridad , transparencia y desea explicarlo todo, anhelo una literatura opaca que se niegue a entregarse a sí misma.

* Hay que visibilizar tanto lo que ha estado invisibilizado que una ceguera espantosa aturde mis ojos impidiendo ver lo que antes era visible.

* Un poema por más que sea escrito hoy mismo, no lo vuelve un "texto necesario". Necesario es el texto que nos puede "decir" en la emergencia, pero desde la distancia.

* Suena provocativo leer al poema como un "ajuste de cuentas de la realidad", pero no me convence si acaso termina asumiéndose como documento.

* No hay caso: que un texto crítico relacione poema con su referente sin mediación, a modo de causalidad y que eso sea un "riesgo" me parece risible.

* La poesía acompaña la historia pero ni la orienta ni esclarece. A lo más puede volverse conciencia de su contradicción.

* Calma, calma recalcitrantes urbi et orbi: una obra de arte o un poema, a lo más, pueden hacer que la injusticia sea más soportable. Si es que eso.

* La Pasión comienza cuando Cristo sabe con dolor que ni con todo el amor que tiene en su corazón se vuelve posible salvar a Judas.

* No porque a coro se grite "este libro es bueno e imprescindible", significa que lo sea. En literatura opiniones mayoritarias son sospechosas.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Claro azar, mi nueva publicación





Después de tres años, vuelvo nuevamente a la palestra publicando un poema extenso en tres secciones titulado Claro azar
La imagen de portada es de la artista visual Carmen Gloria Valdebenito y el trabajo de edición estuvo a cargo del equipo de Ediciones Bogavantes de Valparaíso coordinado por Luis Riffo. A todos ellos, muchas gracias.
Pero vayan las gracias también al poeta Roberto Onell cuyas observaciones también sirvieron para enriquecer este trabajo.
Ahora a espera un par de semanas: Claro azar será presentado en la Feria Internacional del Libro de Valparaíso que se viene a partir del 21 de diciembre.
Están todos invitados